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9.10.2009

Porque el amor no tiene edad.


Entró nerviosa a la habitación, entrelazando las manos, desentrelazándolas, volviéndolas a entrelazar. El lugar era pequeño, de color crema, con leves toques marrón por los escasos muebles de madera. Y entonces la visualizó, al lado derecho, junto a la pared. Su cama. Intentó respirar con tranquilidad pero los nervios le estaban jugando una mala pasada. Soltó el abrigo en una silla y se sentó en el borde del colchón. El lugar estaba iluminado por una pequeña lamparita situada sobre el escritorio. La bombilla era azulada, al igual que la colcha que ella acariciaba. Entonces entró él dando las buenas noches a sus padres con una sonrisa en la cara y cerró la puerta con llave por dentro. Suspiró y la miró. Ella le sonrió a su vez, algo más tranquila al verle, con su pelo oscuro y suave, sus ojos verdes, su tez pálida. El pijama gris que llevaba le hacía parecer enfermizo, pero también le hizo sonreír. Él se acercó a ella y le cogió las manos, levantándola y mirándola a los ojos y la besó con suavidad, olvidando dónde estaban, olvidando los nervios, olvidando el hecho de que eran unos críos de trece y catorce años. Se abrazaron mutuamente, rozando sus cuerpos frágiles, él acariciando el largo cabello de ella, y ella acariciando el cuello suave de él. Se dejaron caer sobre la cama y el mundo esa noche se convirtió en un torbellino de luces azules, voces ahogadas y estrellas jamás descubiertas.

2 almas absorbidas:

Hollie A. Deschanel dijo...

Que manera más bonita de amarse :) ¡muás!

Selina dijo...

perfecto el final ^^
claro que el amor no tiene edad!