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2.12.2010

Sputnik

Hay momentos, silenciosos momentos, en los cuales cierras los ojos y te dejas caer al vacío de tu cuerpo. Escuchas una canción tan sumamente especial que vuelves al escenario que vives en tu mente, a veces resulta frustrante, otras duele como si te quemaran vivo. Otras en cambio, te emocionan, te llenan de nostalgia. Otras te llenan de tristeza o de felicidad.

En estos instantes, al escuchar su voz poderosa, vuelvo a aquel mes de invierno. Vuelvo a estar delante tuya sin saberlo. El destino (¿?) jugó con la pieza que simboliza mi cuerpo y con la que simboliza el tuyo y nos unieron, peón con peón, aunque fui consciente de esa situación meses después. Pese a la distancia física, siento que estos peones se juntan más y más, o al menos el mío. Y el destino (¿?) ha querido volver a unirlos en distancia física y en compañía de los culpables de esta canción que escucho ahora mismo en un verano que llegará en un futuro muy próximo.

Te preguntas que por qué el destino, si existe, nos unió tan tarde. Desgraciadamente, yo tampoco le encuentro explicación de ningún tipo, ni quiero encontrarla. Solo puedo responderte que espero que ese destino que nos unió no nos separe como simples piezas de un tablero de ajedrez.


2.11.2010

Límite

Hace mucho que no estás ahí,
hace poco que te perdí
y no encuentro tu mirada.

Al filo del acantilado,
el viento me empuja adelante
con la fuerza que irradia.

Pero tus labios aparecen
en mis casi olvidados recuerdos
asomándose a la ventana.

Debajo de mis pies descalzos
pequeñas rocas se resbalan
cayendo, cayendo al alba.

Tu risa en mis oídos,
tus palabras trepando
como serpientes por mi espalda.

Los primeros rayos del día
penetran mis pupilas,
realmente no sé qué me aguarda.

Pero sé lo suficiente
como para dar un paso atrás,
y sentir tus brazos, que me abrazan.

2.02.2010

Contemplaba las luces y sombras que se forjaban en el techo de aquella anaranjada habitación. Tumbada en la cama, con un pijama a rayas holgado, se preguntaba qué estaría haciendo él en la habitación de al lado. Se había inventado cientos de excusas absurdas para llamar a su puerta pero no se sentía capaz. El pelo largo chorreaba por la colcha, y un suspiro se le escapó mientras cerraba los ojos. Dejó muertos los brazos sobre la almohada, a ambos lados de su cara, y su cuerpo comenzó a relajarse, aunque su mente no paraba de buscar una idea brillante que la hiciera saltar de la cama y atravesar la estancia. Cuando el cansancio del día comenzó a apoderarse también de su mente, unos golpes en la puerta le hicieron abrir los ojos. Lentamente se dirigió hacia ella, puso una mano sobre el pomo y abrió lo suficiente como para ver a la persona que se encontraba al otro lado. Una tímida sonrisa iluminó su cara y dio unos pasos hacia atrás invitándole a pasar. Él a su vez entró y cerró la puerta a su espalda, sonriendo. La pregunta no logró salir de la garganta de aquella chica pues él ya la tenía abrazada con fuerza. Ella no reaccionó, se limitó a cerrar los ojos, aspirar su aroma y rodearlo con fuerza. El tiempo se paró y no supo cuándo la había besado ni en qué momento se encontraban en la cama, pero ¿acaso esos detalles importaban?