
Nora se observó en el espejo al terminar de arreglarse. Unos ojos grisáceos le devolvieron la mirada con expresión ceñuda. Se había teñido el pelo, dándole un toque más rojizo, y se lo había alisado a conciencia para aquella noche, rizándose ligeramente las puntas.
11.05.2010
Nora (parte II)
Grito ahogado por Cilla King en 14:23 8 almas absorbidas
Etiquetas: CAPICÚO
11.04.2010
PARTE II [Ian & John]
Observó la taza de té humeante que aquella camarera, de escasos dieciséis años, había plantado delante de su mesa, sin él haberla pedido, junto con una pequeña notita escrita en la etiqueta del saquito de té. Además de "té verde" rezaba un número de teléfono móvil, y no había que ser muy inteligente para saber que aquella jovencita le estaba tirando los trastos.
Con el dorso de la mano la retiró hacia el lado derecho de la mesa, mientras apoyaba el brazo en el lado contrario. Miró el reloj. Marcaban las cinco y treinta y ocho minutos, y había quedado con su mejor amigo John a las cinco y cuarto. Generalmente John era bastante impuntual, así que no le sorprendió verlo entrar con expresión tranquila y conforme en aquel bar pequeño.
- ¡Ian! ¿Qué era eso tan urgente que tenías que contarme? Llevo toda la mañana pensando en ello - comentó con su mejor sonrisa, intentando evitar cualquier comentario o regañina por la tardanza.
Ian suspiró. Lo conocía desde hacía mucho, mucho, mucho tiempo, no sabéis cuánto, y ya ni se molestaba en decirle absolutamente nada al respecto. Algunas personas nacen con manías y al cabo de toda su vida no consiguen arreglarlas. John era ese caso.
- Jonhattan, necesito que me hagas un favor. - la voz le salió demasiado seria, algo anormal en él, con lo cual Jonh le prestó auténtica atención.
- ¿Ha pasado algo? - frunció el ceño - ¿Algo relacionado con.. nosotros? - bajó la voz mirando a las pocas personas que había en el bar.
- No, no, no es eso. - inconscientemente cogió la etiqueta del té entre los dedos. - Verás...
- ¡No fastidies! - John comenzó a reír a carcajadas. - ¿Has pedido té? ¿Tú? - intentó calmarse aunque las lágrimas comenzaban a asomar por sus ojos.
- No, yo no - sonrió - aquella camarera me la trajo al sentarme, ya sabes que yo no tomo té.
- ¡Y tanto que no! - siguió riendo hasta que consiguió serenarse y volvió a concentrar su atención en el tema. - Dime qué quieres, no tengo problema en hacerte cualquier favor.
- Necesito quedarme en tu casa durante un tiempo...
John observó sus ojos verdes frunciendo el ceño. - ¿Le ha pasado algo a tu casa?
- No, pero... se la he ofrecido a alguien que la necesita y... no puedo vivir con ella...
- ¿Una ex? - sonrió.
- Mi prima, se llama Sally.
- Ya... - asintió pensativo - tu prima... ¿y por qué extraña razón no puedes convivir con ella?
- No es como nosotros - susurró.
John miró las múltiples líneas que surcaban la mesa de madera.
- Ian, creo que te has metido en un lío.
Ambos se miraron durante otro largo momento.
- Sí, yo también lo creo...
Grito ahogado por Cilla King en 16:55 0 almas absorbidas
Etiquetas: AVENIDA LEJANÍA
11.02.2010
Alexandra (parte I)
Aspiró el dulce aroma de la nicotina con placer, notando el humo cálido deslizarse por su garganta hasta hacer hervir levemente sus pulmones. Abrió los labios y lo expulsó formando una pequeña nube gris, dibujando una frontera translúcida entre ella y el resto del mundo. Le gustaba sentirse aislada con su cigarrillo.
Alexandra abrió las piernas sintiendo el frescor de aquella mañana de otoño entre ellas. Su falda vaquera apenas le cubría los muslos. Llevaba unas medias de red raídas por algunas zonas, y unas bragas negras de marca. Sus piernas eran largas y muy delgadas, al igual que la parte superior de su cuerpo. Su vientre era plano, musculoso y perfecto. Su ombligo estaba decorado por un piercing de plata del que colgaba una pequeña libélula violeta. Una camiseta ceñida de tirantes lo cubría.
Dio otra calada larga, suave. Dejó escapar el humo por la nariz mientras cerraba los ojos. Ojos almendrados, de color azul pálido. Ojos de mirada perdida, misteriosos, que nunca permitían ser explorados por otros ojos.
Sus pómulos eran marcados, realzando su belleza nórdica. La tez era tan pálida que resultaba enfermiza, pero sus labios destacaban a varios metros por ser del color de las fresas.
Alexandra acabó el cigarrillo aunque no se lo quitó de los labios. Lo dejó ahí para mordisquearlo suavemente con sus dientes perfectos. Deslizó los dedos entre el césped aun húmedo por el rocío de la mañana. Su larga melena oscura, con algunos reflejos azulados, se expandía a su alrededor formando una sábana de seda.
Llevaba varios minutos con los ojos cerrados, completamente relajada cuando de pronto sintió algo pesado y caliente sobre ella, algo que le quitó el cigarrillo de la boca y que le dio un beso ardiente. Ella suspiró de placer contra la barbilla de López.
- Qué grata sorpresa… - comentó mientras se levantaba y sacudía los restos de césped incrustados en su pelo.
- Por una vez me has correspondido, ¿están bajas tus defensas inmunológicas, Alex?
- No, aun no me ha bajado la regla, pero está al caer. Así que si quieres metérmela tendrás que darte prisa.
- Esta noche no he quedado con nadie.
- ¿Ah no? ¿Ya has mandado a paseo a tu última conquista? ¿Cómo se llamaba? ¿Eric?
- No, ese fue el de la semana pasada. El último fue Guille.
- Ah sí, el latinoamericano. – rió.- Menuda pluma que tenía… no me daba muy buena espina. ¿Cómo fue en la cama, por cierto?
- Sin comentarios… por eso no he quedado con él esta noche.
Ambos se miraron y rieron con ganas. López, al igual que Alexandra, dedicaban sus fines de semana a ir a discotecas “de cacería”, y les daba igual el sexo de la otra persona, mientras funcionaran en la cama, asunto resuelto.
López era el “Don Juan” del instituto. Todo un rompecorazones, podía convertirse en tu sombra y colarse entre tus sábanas sin apenas darte cuenta. Y lo peor es que, a veces, eso se convertía en el único objetivo de muchas chicas que suspiraban al cruzárselo. Y el de muchos chicos también.
Alexandra suspiró de mala gana al oír el timbre que anunciaba la última clase del día. Se había saltado la clase de historia porque la profesora la ponía caliente y no conseguía concentrarse en el tema nunca. Aunque ¿a quién le importaba el tema? El verdadero motivo era que la cabeza le martilleaba y necesitaba un cigarrillo. Y a ella le encantaba fumárselos con toda la tranquilidad del mundo, disfrutándolos. Y así lo había hecho. Pero ahora no podía faltar a clase, así que se despidió de López con un buen intercambio de saliva y entró al edificio.
Grito ahogado por Cilla King en 21:34 3 almas absorbidas
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